
Remembranza del Chiuchico Juvenil
Corría la mañana de un día de febrero de 1966 cuando estuvimos reunidos entre varias socias y socios del Club Unión Juvenil Estudiantes Juli, (UJEJ), entre los que puedo mencionar a Antonieta Carpio, Nelly Izaguirre, Mercedes Eduardo, Zidgar Sardón, Pancho Espezua, Rubén Espezua, Victor Sandón, mi esposo Glicerio Carrasco y otros distinguidos socias y socios. En medio de la conversación evoqué con nostalgia la tradicional celebración del Chiuchico de mi tierra azangarina. Impulsada por ese recuerdo, propuse replicar esta hermosa costumbre en Juli. La iniciativa fue acogida con entusiasmo y alegría, y así nació el Chiuchico Juvenil.
Desde entonces, año tras año, esta celebración se convirtió en un encuentro esperado y entrañable para nuestros socios. En sus inicios, el chiuchico comenzaba a las cinco de la mañana, partiendo desde la casa de mi familia, ubicada en el jirón Lundayani N° 167.
Algo infaltable era el burrito, engalanado con serpentinas y mixturas, con el que recorríamos las calles puerta por puerta para recoger a los socios y socias, sumándolos a la fiesta. Nos acompañaba un grupo musical que, al compás de guitarras, charango, acordeón, bombo y quenas, entonaba las alegres notas del “Somos Juveniles”, llenando el amanecer de música y emoción.
El Chiuchico Juvenil no es solo una fiesta; es un espacio de encuentro que fortalece la unidad, la amistad y la confraternidad entre los miembros del club. Es música, danza y alegría compartida, pero, sobre todo, es una expresión viva de identidad y pertenencia. A través de esta tradición reafirmamos nuestras raíces y rendimos homenaje a la herencia cultural que nos une.
Recordar el Chiuchico de nuestra juventud es volver a vivir aquellos momentos de ilusión y compañerismo compartido: Hoy en día, muchos socios juveniles ya no están con nosotros, pero dejaron su recuerdo imperecedero y su valioso aporte a nuestro querido Club por lo que honramos su memoria.
Con emoción puedo afirmar que esta tradición, traída desde mi querida tierra de Azángaro por mi persona, echó raíces firmes en Juli. El tiempo transcurre y la juventud pasa, pero el Chiuchico permanece como símbolo de integración, memoria y continuidad cultural.
Hoy, con mucha satisfacción, vemos que no solo el Club Unión Juvenil Estudiantes Juli celebra el Chiuchico, sino también diversas instituciones sociales y culturales de nuestra querida tierra, confirmando que esta tradición ha trascendido generaciones y espacios.
¡Viva el Club UJEJ, viva el Chiuchico Juvenil!
Autora: Gladys Molina de Carrasco – Febrero 2026




